Por el amor de un perro de Patricia McConnell

7 feb, 2012 por

Por el amor de un perro de Patricia McConnell

Las historias que cuenta este libro son todas ciertas

 

 

 

 

 

 

 

Las historias que cuenta este libro son todas ciertas, aunque he cambiado los nombres de mis clientes y de la mayoría de los perros para proteger su

privacidad.

 

Dudo mucho que a los perros les fuera a importar saber que alguien iba a leer algo sobre ellos pero, como no les puedo preguntar, por si acaso les he cambiado el nombre. He mantenido el nombre de mis perros, es el precio que les toca pagar por vivir con una escritora.

 

 

Aunque he cambiado los nombres propios de los perros, he elegido identi- ficarlos por raza, incluso cuando se trata de un perro que ha provocado daños

graves.

Breed-Border-Collie

 

Soy consciente de que esto puede ser criticable: a nadie le gusta oír que un miembro de una raza que nos gusta provoca daños graves. Dos de las razas que menciono son los Rottweiler y los Pit Bull. Debido a la mala fama que estas dos razas suelen tener le di muchas vueltas a la posibilidad de cambiar la raza al presentar los casos que aparecen en el libro.

 

Pero entonces, cambiar una raza por otra ofendería a las personas que aman a la raza que eligiese. Consideré cambiar todos los perros a cruces o no mencionar las razas pero me parecía poco honesto y artificioso.

 

Finalmente decidí que lo mejor que podía hacer era simplemente contar lo que había pasado de la forma en que había pasado. Con todo, no quiero que lo que narro en este libro aumente los estereotipos que existen con respecto a esas razas, igual que no quiero que la gente piense que los Labrador o los Border Collie son «perros peligrosos» simplemente porque aparecen casos en el libro sobre algún individuo que ha causado daños graves.

Como podrán comprobar quienes lean el libro, me gustan los Border Collie, pero uno problemático puede ser una pesadilla.

La verdad es que, perro que puede abrir la boca, perro que puede mor-der; los perros grandes y fuertes son más peligrosos que los pequeños y, lo que es más preocupante, por lo menos en mi país, muchas personas crían y educan a una  cantidad enorme de perros para las tareas más erróneas.

Desde otro punto de vista, algunas personas más informadas que lean el libro se darán cuenta de que no he utilizado el término «guardiana» o «guardián» para las personas que vivimos con los perros y los amamos.

 

Por: Patricia McConnell

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